Tamara Cubas _ ACTOS DE AMOR PERDIDOS

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Tamara Cubas _ ACTOS DE AMOR PERDIDOS

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Tamara Cubas es una figura insoslayable en ámbito del arte contemporáneo en nuestro país. Sus orígenes son la danza y las artes plásticas, pero su continuo incursionar en el video, las performances y una larga lista de etcéteras (con sus respectivos cruces), la han hecho trascender toda compartimentación.

Esta obra se transforma en un particular ejercicio de la memoria simbólica, Tamara forma parte de una familia que sufrió casi todas las formas de drama personal que la dictadura militar generó: torturas, cárcel, exilio, desaparición, separación forzada y dificultades (en especial para quien vivió su juventud lejos) para identificarse y aun decodificar ciertos íconos. Las formas inefables que asume la angustia, obligan a pasar revista a una serie de hechos o más precisamente, a los estados de ánimo que esos hechos o situaciones generan.

La pieza es segmentada y se presenta en dos grandes bloques y una coda final. Como espectador se tiene la sensación de poder alterar (al interior de cada bloque) el orden de las partes sin que se afectara demasiado el efecto total, tal vez con la única salvedad del corte final que está estratégicamente ubicado y que refiere al lenguaje de manos y dedos usado por las reclusas en Punta de Rieles. Sentada en el piso junto a su tía (ex-presa) y ante a un mínimo aro de luz, lo reproducen casi como si no existiera el público y en la intimidad de un encuentro se estuvieran contando un secreto.

El primer bloque es claramente político y transita un camino que va desde el Himno Nacional, que abre la noche sin que se emita música, solo hay un cartel luminoso donde aparece la letra (como si fuera un karaoke de sordos), mientras que la protagonista de negro y con un cráneo vacuno cubriéndole el rostro, permanece casi impávida a toda la emisión de letra. Luego la emprende con el Pericón, lo baila sola, con una caja en la cabeza que muestra la inscripción INDUSTRIA NACIONAL y tampoco aparece música, solo unas bocinas antiguas reproducen una espantosa versión de las voces de mando. Estos dos primeros actos en especial ofrecen acceso al reflejo que determinadas simbologías, producen en la artista. No existe ninguna falta de respeto a estos componentes de la “IDENTIDAD”, el Himno se padece de pie y el Pericón está correctamente ejecutado, pero la mirada produce extrañeza, como si nunca antes los hubiéramos visto así. La ajenidad con esos elementos es total e intransferible, ni siquiera está matizada por el valor que otros en el país le daban a ciertas estrofas del Himno que se resignificaron en la oscuridad o al valor festivo de compartir y de colectividad que las danzas tradicionales conllevan.

En estos primeros cortes y en todos los demás de esta primera parte, se siente que más que las opiniones de Cubas, tenemos acceso al reflejo que algunos momentos o sucesos producen en la artista, esta manera de ver la obra se refuerza en que durante todo este bloque el lugar de emisión privilegiado es la cabeza, pero siempre está oculta por algún objeto que se encarga de soportar el peso simbólico, sea una cabeza de vaca, una caja de cartón o un cartel-pizarrón, nunca es la cara descubierta de la protagonista, siempre hay una mediación entre ella y el ojo del público.

Los siguientes actos aluden a los desaparecidos, a la Marcha a mi Bandera, a la Internacional Socialista e implícitamente a la solidaridad, ya que por escrito pide que la canten porque la haría feliz y lo necesita, incluso cuenta (siempre por escrito) 1, 2 y 3, pero nadie canta.

Luego se pasa a un segundo bloque de corte más personal donde se cambia el ritmo y Tamara comienza a hacer referencia explicita a otros artista europeos que la han influenciado en su vida y a quienes rinde tributo re-interpretando y re-contextualizando partes de sus obras. Así desfilan pequeñas piezas inspiradas en La Ribot, Gilles Jobin y Jerome Bel. Según ella nos cuenta, las motivaciones para una revolución, política o artística, pueden provenir de influencias cercanas, nacionales o americanas, pero las ideas fundacionales de esos cambios, las que motivaron a nuestros motivadores, esas siempre han provenido de Europa y por lo tanto volver allí es también volver a las raíces de nuestros pensamientos renovadores.

Este segundo bloque, más personal, donde la emisión ya no está privilegiada en la cabeza, sino en todo el cuerpo, se desarrolla sin enmascaramientos, con la cabeza descubierta y a la vez que comienza a transitar fragmentos de sus propias obras (Sector E Nº 273 y ATP), el velo cae por completo hasta ofrecer a la vista su cuerpo y el de sus compañeros de escena completamente desnudos.

El cierre, como ya dijimos, se realiza con una sensación de total intimidad, junto a su tía (vestidas ambas), sentadas en el suelo hablando con las manos y transcriptas por el mismo cartel luminoso que antes se uso para pasar la ajena letra del Himno.

La obra nos lleva desde el “deber ser” de la identidad estipulada en los símbolos patrios a la autenticidad de dos desnudeces totales, la del cuerpo mostrando su propia obra y sus influencias y la del “espíritu” compartiendo secretos muy profundos en la oscuridad con su tía, un viaje que vale la pena compartir.

Teatro Solíz, sala Zavala Muníz. 11, 12, 13 y 14 de diciembre 21 hs.

Tipo: Crítica
Autor: Walter Veneziani
Medio: Semanario Brecha
Fecha: Montevideo, 30 de diciembre de 2010
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