¿Quién te quita lo pasado?

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¿Quién te quita lo pasado?

La necesidad de la memoria

Hay obras de danza contemporáneas en donde la investigación o la “búsqueda personal” está por encima de los resultados, y las interrogantes son mas que certezas. También las hay donde la necesidad de “decodificar el cuerpo”, “desestructurar el movimiento” y anular la narrativa dejan al espectador algo desconcertado, con la sospecha de que detrás de tanto planteo intelectual no hay más que falta de ideas o un mareo entre estas tendencias en ciernes.

No es el caso de Actos de Amor Perdidos, la más reciente obra de Tamara Cubas, bailarina, creadora y productora uruguaya formada en Holanda, que proviene del campo de las artes visuales y ha desarrollado un lenguaje corporal netamente contemporáneo inclinado a lo conceptual y que evita barreras entre distintas disciplinas, buscando (hasta encontrar) los elementos que mejor se adecuan a sus necesidades expresivas.

Eso se puede apreciar en Actos de Amor Perdidos, obra que forma parte de un proyecto más amplio, denominado La patria Personal, en la que la artista se propone “practicar la memoria”, que  -como sugiere Nelly Richard en el programa- “es hacer vibrar la simbólica del recuerdo en toda su potencialidad crítica evitando que la historia se agote en la lógica del documento o del monumento trabajando para ir más allá del archivo museístico y de las conmemoraciones que petrifican y clausuran el pasado”. En ese sentido, se trata de una obra abierta, en evolución.

Dos instancias marcaron el período creativo de esta obra: una residencia en Rio de Janeiro y Teresina (Brasil) propiciada por el Proyecto Colaboratorio del Festival Panorama de Rio de Janeiro, y la edición final a cargo del coreógrafo brasileño Marcelo Evelin.

La pieza responde a una necesidad propia de la creadora, toma su materia prima de vivencias personales y de los familiares más cercanos en torno a la dictadura, el exilio y la cárcel, para hablar con un lenguaje claro y sincero -sin imponer sentencias- sobre la necesidad de reinterpretar y mantener vivo el pasado, algo iposible de clausurar con mármoles y flores. Lo interesante de su perfomance es el modo en que trae el pasado al presente: Cubas se vale de un subtitulador electrónico para que el público pueda leer las estrofas del Himno Nacional- que inevitablemente resuena en el interior de cada uno-mientras posa con el rostro cubierto por el cráneo de una vaca -en alusión al marronazo de la dictadura-, amplifica mediante una bocina la letra del bastonero del Pericón Nacional que de ese modo parece remitir más a un entrenamiento militar que a una danza folclórica; lleva a su tio Luis Cubas a escena mientras pasan uno a unoo en el subtitulador electrónico los números que indican la cantidad de desaparecidos (240 en total) que hubo en la dictadura uruguaya; y recrea junto a su tia Mirtha Cubas el lenguaje hecho con las manos, practicado por las presas en el penal para comunicarse por debajo de las puertas de las celdas.

Unos pocos elementos bien elegidos (el sonido de la famosa bocina que hacía sonar el diario El Día durante los grandes acontecimientos) e innumerables volantes, que vuelan por los aires y llegan hasta las gradas de los espectadores, evocan el clima atemorizante de la huelga general en respuesta al golpe de Estado, en junio de 1973.

Los recursos utilizados para reavivar la memora son, en su mayoría, buenos: los doce fragmentos que conforman la obra tienen por momentos una gran densidad visul y tocan las fibras sensibles de los espectadores, los transportan a un momento preciso que recrean de forma creativa y sin golpes bajos; algo que se agradece. Sin embargo, luego de la sorpresa inicial provocada por cada planteo, el tiempo empieza a hacerse demasiado largo en los momentos más silenciosos y estáticos y, como se sabe, en esos casos se pierde la atención sobre lo que nos quieren comunciar desde la escena.

Otra constante en su obra es la desnudez de los cuerpos que no asumen posiciones complejas, no buscan ser elegantes ni bellos, y enseñan su desnudez con total naturalidad. No temen a la proximidad de otros cuerpos y se muestran tal cual son, sin velos de ninguna clase. Cabe recordar que el desnudo, tan frecuente en las creaciones contemporáneas, no es algo nuevo en el ámbito de la danza: entre 1910 y 1930, los alemanes enfatizaron poderosamente la desnudez en el movimiento como elemento que investía de modernidad al cuerpo. Según consta en Empire of Extasy, Nudity and Movement in Germany Body Cultura, 1910-1935, el cuerpo desnudo era signo de una moderna identidad liberada en profunda reacción a la racionalización y mecanización excesiva de la sociedad europea de la época.

Para las bailarinas que cultivaron en sus danzas, la desnudez fue una visión ambiciosa de libertad, una forma de exponer los movimientos habitualmente ocultos por el vestuario, un modo de llamar la atención sobre el problema de la observación del movimiento del cuerpo en si mismo, de transgredir o de liberarse de los límites externos de los cuales la ropa era el más evidente. La propia Isadora Duncan bailó desnuda en 1903 en el Kroll Opera de Berlín.

Hasta el dia de hoy, cuando uno ve un cuerpo desnudo en escena tiende a pensar en una “honestidad superior de la identidad”, aunque muchas veces se trate sólo de un elemento estético o no aporte mayores complejidades. En Actos de amor perdidos (mas exactamente en el Acto 8, una versión de la obra Braindance, de Gilles Jobien, acerca de los cuerpos mutilados y manipulados con fines políticos) los cuerpos semidesnudos de las intérpretes hablan del abuso, de la agresión padecida. La pieza incluye además un fragmento de ATP, otra creación de Tamara Cubas, que resignificada en este contexto parece hablar de la solidaridad, de cómo juntos y despojados, algunos pudieron salir adelante. En toda la obra hay claras alusiones a una determinada cultura corporal que se impuso a la fuerza y se pone de relieve la relación entre cuerpo y contexto.

En conclusión Actos de Amor Perdidos es una obra honesta, qeu tiene el valor de partir de lo personal para abordar un tema que nos involucra a todos.

 

Por: Silvana Silveira

Medio: Revista Dossie

 

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