Yo quiero hablar de otra manera

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Yo quiero hablar de otra manera

El poder no es un concepto abstracto. Se ejerce sobre nuestro cuerpo. En nuestra manera de estar y de estar con los otros. El lenguaje social y sus dinámicas de vinculación lo perpetúan, lo vehiculizan. Cumplen con aguda eficacia su tarea de normalización.

Crear es encontrar un lenguaje que pueda suceder por fuera de estas estrategias. Es salir de lo codificado, ir hacia zonas límite en las que puede pasar otra cosa.
Un lenguaje nuevo provoca una dislocación que des-automatiza y libera: rompe la cáscara de lo establecido, disuelve lo rígido, desarticula la obediencia ciudadana y cotidiana del cuerpo.
Esta fuerza transformadora provoca una conmoción que “sacude los techos y abre el acceso”. La metáfora proviene del budismo zen, que así imagina la iluminación: un viento poderoso vuela los techos de la casa, que queda abierta entonces, expuesta, y entra en ella la imagen de los cielos. La casa sacudida se ha expandido: conviven ahora la intimidad y lo cósmico.
Un lenguaje nuevo es una expansión: abre nuevas posibilidades de experiencia, propicia un contacto inédito con lo vivo; acerca.
Detengámonos ahora en algunas señales sensibles de ese lenguaje específico que Multitud pone en escena.

Cuerpo y tiempo

Cuando comienza la obra el escenario está vacío. Este vacío se sostiene largo rato. Un tiempo extraño, incierto; ajeno a las complacencias que el público suele exigir para sus espectáculos.
Esta primera tensión funciona ya como disolvente: las expectativas del espectador empiezan a abrirse, a desfigurarse.
Luego entran los cuerpos. Se quedan allí, parados, expuestos, quietos. Su mero estar, sin más, instala un tiempo que sucede distinto. Una duración dislocada.
Luego, una cabeza, un tronco o una cadera se desarman, se desmoronan. El resto del cuerpo permanece sostenido. Hay cuerpos que caen y otros que insisten erguidos. La práctica despliega un ritmo visual que no permite establecer un centro.
Además, a lo largo de la obra lo que se compone siempre parece estar en lucha: hay cuerpos que corren furiosos mientras otros reposan, cuerpos que agarran o se dejan agarrar, que entran en comunión o se repelen. Son cruces de fuerzas que convergen y luego se desplazan. Nunca se establecen.
El lenguaje que Multitud explora no erige nada. Varía; se desplaza. Como desplazan su eje los cuerpos en escena.
Interesa ahora esta correspondencia entre lo que el cuerpo ejecuta en escena y lo que la mirada del espectador recibe. Interesa pensarnos como espectadores/receptores de ese lenguaje escénico, de esa dinámica que miramos y que hace tambalear lo esperado, lo estable, lo seguro.

Mirar el río
“Tal vez es esto ridículo a los oídos de quien, por no saber lo que es mirar las cosas, no comprende a quien habla de ellas con la forma de hablar que el observarlas enseña.”
Alberto Caeiro /Fernando Pessoa.

¿Pero puede la mirada transformarse en lo que mira? O mejor: eso que miro, ¿puede modificarme?
Recuerdo que una tarde, en la playa, me quedé mirando largo rato a dos perros que corrían por la arena. Saltaban, se mordisqueaban, jugaban. Yo estaba sentado. Recuerdo que, aun desde mi quietud, aquel movimiento ajeno me tocaba, me insuflaba alegría, vitalidad.
Recuerdo también cómo la luz del atardecer -la observación sostenida del cielo apagándose- me enseñó una duración que desconocía, una paciencia y una serenidad nuevas.
Pienso ahora en algunas prácticas del budismo zen: mirar la oscuridad, sostener los ojos abiertos en la nada de las formas. O escuchar el silencio, practicar una escucha vacía: la nada de los sonidos.
También Pessoa sabe, como los budistas, que mirar el río -sostener la atención en su mero transcurrir sin significado- despeja la mirada.
Así es la propedéutica de la percepción: no necesita de palabras ni de razones, se impregna de lenguajes más sutiles que el verbal. Hay una manera de mirar que es con todo el cuerpo. Es hacer de la mirada un acto de entrega. Casi desaparecer en lo mirado. Vaciarse. Dejar que opere lo visual, sólo lo visual, sin añadir nada a la imagen, sin entrometerme, sin pretender entender o extraer algo de lo que estoy mirando.

Eso es lo que Multitud busca detonar en el espectador: despojarlo.
Que se caigan ciertos velos, ciertas interferencias, ciertas maneras de mirar que no conectan con lo vivo.
Que lo imprevisto, lo inquietante y lo inestable disuelvan la rigidez de la mirada.
Traigo ahora aquel concepto de Rimbaud en su “Carta del vidente”: sólo un “desarreglo de los sentidos” propicia el acceso a una lucidez nueva.
El lenguaje que Multitud pone en escena persigue este desarreglo propicio, esta praxis de extrañamiento.
Así lo deja escrito Lucía Naser:
“La acción coreográfica de Multitud es ambigua: interrumpe nuestras posibilidades de identificación. No podemos conectar lo que vemos con un concepto o categoría que nos sea familiar. Esta dislocación altera nuestra sensibilidad. Nuestra organización perceptiva se desestabiliza.” (Lucía Naser en “Cuerpos rabiosos”, un estudio sobre la obra coreográfica de Tamara Cubas).
Decenas de cuerpos corren con furor. Tienen el eje desencajado. Se desplazan a una velocidad intensa con un movimiento inestable, desarticulado.
La fuerza de esos movimientos que miro me impacta interiormente: un viento violento sacude los techos.

Caminan en cuatro patas. Aceleran. Luego caen con todo su peso contra el suelo. Una mujer apoya su mejilla en el cemento. Deja que la quietud entre en ella. Parece una imagen buscada, pero no, es momentánea. Enseguida eleva el tronco y desaparece entre el movimiento de todos.
Otra imagen me toma: un rostro entre la multitud mira con ojos encendidos, fijos. Todo su cuerpo está mirando. Luego avanza y se pierde en el tumulto.
¿Qué pasa después del grito?
No alcanzo a saberlo.
Hay lágrimas, caras impasibles, manos que descansan. Veo las muñecas, lánguidas, pesar sin conciencia contra el suelo.
Eso ha ocurrido: todos quedan vacíos, o vaciados.
La energía ha sido derramada.

Martín Cerisola es Licenciado en Letras, poeta, performer y ensayista. Tiene dos libros publicados, ambos en 2012:
Perseguir (Poesía, Editorial Estuario, Montevideo) y El orfismo griego en el lenguaje poético de Hugo Mujica (Ensayo, Editorial Académica española, Madrid).

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Tipo: Crítica
Autor: Martin Cerisola
Medio: http://seteporsete.net/
Fecha: diciembre 2013
Año: 2013
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