Fucking gallo gringo

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Fucking gallo gringo

Si las imágenes del espanto nos fueran agradables no existiría la resistencia.
Allí radica la posibilidad de salir del adormecimiento: la violencia del poder fascina, romper ese hechizo es también subvertir el buen gusto.

Puto gallo conquistador es una fuerza de deseo crudo, no suavizado bajo las formas del buen gusto civilizado. Porque hay pulsiones humanas que no tienen proporción. Son fuerzas repulsivas y desencajadas que no quisiéramos en escena, pero que insisten porque aparecen aunque no queramos convocarlas. Podemos cubrir esas pulsiones bajo los simulacros figurativos de las formas domesticadas, pero siempre permanecen latiendo por debajo de ellas, corroyéndolas y emergiendo con el arrebato intacto de todo aquello que, con agresiva sed, nos va ganando y nos toma.

En la Villa de los misterios (cerca de Nápoles, en Pompeya) sobreviven algunos frescos cuyas figuras humanas se sumen en el furor felino del sexo desenfrenado o se petrifican con las bocas abiertas en un espanto gélido y sin nombre.
El horror sagrado del dios es una fuerza inhumana que nos atraviesa y que se desencadena hasta su frenesí.

Hay una cercanía vibrante entre las palabras fascinación, fascismo y fascinus (que significa falo). El poder fascina. Se establece como centro y como espectáculo. Su tajante verticalidad atrapa y detiene la mirada. Nos deja fijos, rígidos, impotentes ante ese encandilamiento.

Hay que soñar la posibilidad de un exorcismo. Poner en juego la energía liberadora que propicie el apaciguamiento. Porque sólo la voluptuosidad de una descarga aplaca el furor. Sólo un desencadenamiento lo atraviesa y lo acaba.

Tipo: Ensayo
Autor: Martin Cerisola
Fecha: Julio 2014
Año: 2014
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