Se gruñe ahora

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Se gruñe ahora

Son cuerpos-volúmenes sin rostro en una penillanura indefinida; son formas anónimas en un tiempo sin mesura; nada sucede hasta que el vientre interviene sobre el conducto gutural: saliva y gruñido se encuentran en la garganta y producen flujo y sonido: emergen en simultáneo, el habla y la forma.

Respira uno, inspira, expira, gruñe, el cuerpo acompaña con alguna articulación, sutilmente, autista y sensual, juntos. Se despierta el segundo y desde el piso genera su propia aurora, invocando la misma relación entre el aire que penetra los órganos para devolverle al páramo alguna señal de su intervención: sonido, saliva, un movimiento leve, autista y sensual. Un tercero, un cuarto, un quinto cuerpos en búsqueda de algo producido por otro algo que inquieta, perturba, insiste. Son varios pero no se ven, no son un grupo, son cinco volúmenes-cuerpo sin tiempo sin lugar sin abolengo. Como átomos perdidos en la atmósfera parecen buscarse sin saberse para chocarse y darse continuidad.

No se perciben pero se contaminan; de un gruñido al otro, brutos y ancestrales, se repercuten generando oleadas en crescendo que van esculpiendo y cortando el espacio, como pequeñas cadenas de dominós; configuran el pasaje de las ondas sonoras: desde la coreografía congénita del aire, la respiración, impulsan los cuerpos hacia la acción y producen forma, desde el sonido.

La emergencia del sonido activa el movimiento y descubre el cuerpo, propio, y el del otro; predomina la inflexión torácica que, para sostenerse, se apoya en la reverberación del otro y así prolonga la exhalación gutural, y así prolonga la cadena de dominó, y así la rompe y la recompone sucesivamente, cambiante y al unísono. Se chocan, acuclillan, tuercen, inhalan-exhalan-inhalan-gruñen-guturan-caen-exorcizan, silencian, se amoleculan y vuelven a individuar, aun sin identidad.

Y el techo se cae; los cuerpos se amontonan debajo de un blando tótem blanco suspenso del techo que no se cayó, alguna referencia del arriba que no sabe más que el resto, apenas de sus coordenadas respecto de lo que constituye forma en cuanto volumen y presencia física: el punto, la línea, altura. La esperanza del volumen que aun debe adquirir forma, aunque padezca de historia. Extraños murmurios interiorizados, expectoración, cuerpos-lombrices que se esconden y retraen. Del bulto sumergido emergen boleadoras desafiando el aire demasiado amplio, susurrando para fuera del destejido-tierra en flujo bajo el cual se deslizan los demás.

Los bailarines de Tamara Cubas devienen incorporaciones de una voluntad de memoria charrúa en búsqueda de orígenes imposibles, amputados de la memoria celular de esta tierra de nadie; los bailarines de Tamara Cubas encuentran en el páramo de la amnesia su propia posibilidad, al extraditarse de una construcción otra de nación para engendrarse su propio lugar, entre el vientre, el primer gruñido, el cuerpo y la tierra debajo de los pies, ahora.

Veronica Cordeiro
Montevideo, agosto, 2014.

Tipo: Crítica
Autor: Veronica Cordeiro
Fecha: Setiembre 2014
Año: 2014
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